La situación laboral se complica y genera crisis

A pesar de las políticas trazadas desde organismos multilaterales y desde los Estados Unidos, entre las cuales destaca la emisión masiva de dólares que finalmente deberían llegar a los consumidores, los mercados laborales a nivel mundial se encuentran en un estado de debilidad profunda que no cambiará en el corto y mediano plazo. Así lo afirmó en estos días el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, cuando dijo que los empleadores todavía se encuentran renuentes para contratar personal laboral y que, por tal motivo, se mantiene un escenario de incertidumbre general.

Las noticias que llegan y que se pueden rastrear tanto en los países que se han autodenominado “desarrollados” como en los que éstos han llamado “subdesarrollados” tienen hoy un punto en común: el aumento en las tasas de desempleo y, especialmente, en las tasas de desempleo juvenil (en general más del 23% a nivel mundial). Este hecho corresponde directamente con el momento de crisis que el capitalismo está viviendo desde hace un tiempo y que se manifiesta con más fuerza hoy a través del desempleo, el subempleo, el desplazamiento de la fuerza de trabajo y la falta de condiciones laborales dignas.

La economía necesita ampliar las fronteras del mercado para salir de este momento o, por lo menos, gestionar en algo la crisis. La más dinámica de ellas tiene que ver con la generación de relaciones laborales precarias en nuevos sectores. El sector de servicios en general y las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) son los principales escenarios en este sentido. Jóvenes bogotanos mencionan con frecuencia que una de las primeras opciones que se tienen en cuenta para buscar un puesto de trabajo son los call centers, centros de atención de llamadas desde y/o hacia diversos clientes.

Para Andrea Cely del Colectivo Sin-trabajo, «los altos índices de desempleo —sumados a la cantidad de jóvenes que no pueden seguir estudiando y que no tienen otra opción más que rebuscar sus fuentes de ingreso— tienen como resultado la consolidación de una gran cantidad de población que se convierte en un “ejército postindustrial de reserva” que deja el camino abierto para el abuso que se hace de sus condiciones laborales».

En opinión de algunos investigadores, los cambios observados no obedecen a políticas coyunturales. Para Cristóbal Silva, investigador social adscrito al Instituto Nacional Sindical, «estas realidades económicas se acompañan de un reordenamiento del sistema de productividad que demandan nuevas formas de asociación y de posibilidades de agenciamiento de estos trabajadores para evitar protestas y explosiones sociales». Por otra parte, el economista Ricardo Bonilla de la Universidad Nacional ha venido llamando la atención sobre los altos niveles de desempleo juvenil, los cuales alcanzan, según él, el 24% para el caso colombiano. Así las cosas, parece imposible evitar que los niveles de desempleo aumenten de manera desordenada y a ello obedecería el desbordamiento de ferias de intermediación laboral o de la ley de primer empleo que ante el escenario descrito muestran sus alcances limitados.

Hoy en Colombia los debates que acompañan este tipo de situaciones se complican con escenarios coyunturales como el de la propuesta gubernamental consignada en el Plan Nacional de Desarrollo de elevar la edad de jubilación entre 62 y 65 años para nuevos cotizantes o la obligación del pago de seguridad social por parte de los trabajadores para conseguir un empleo. Estas iniciativas están modificando las formas de vida, los ritmos y la intensidad del trabajo de millones de personas.

La precarización laboral más allá de sus expresiones locales parece extenderse al mundo entero. Reportes de prensa dan cuenta de las manifestaciones de miles de jóvenes en Francia, Inglaterra y países africanos contra los recortes a la educación y los planes sociales, la precarización y el desempleo.

Según Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), la situación que se está viviendo en esos países se esperaba desde hace tiempo y reconoce que la manera en la que entidades como el FMI han venido trabajando no soluciona el problema creado. Por ello, Strauss-Kahn afirma que «se debe mirar más allá de las cifras y mirar a la sociedad e involucrarse en los países para trabajar con los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil para evitar que bajen los niveles de cohesión social». Hay que recordar que este tipo de organismos han sido fuertemente criticados por la imposición de políticas de ajuste económico con alto impacto en los salarios y el empleo. Sin embargo, ante la magnitud de la crisis, el FMI ya no sólo se preocupa por regular las relaciones laborales, sino que además ve urgente entrar a orientar a las organizaciones sindicales y sociales que históricamente le han hecho frente a esta situación.

La situación se presenta llena de preguntas e incertidumbres, pero sin lugar a dudas, la precarización laboral, especialmente de la juventud será un tema central de las agendas sociales y políticas de los próximos años.



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