Un alza que levantó inconformes

Jean Paul Saumon

Movilización de la Universidad de Caldas por la ciudad Manizales.

Hay brisas de tensión en la Universidad de Caldas. Una tensión que halan dos bandos muy decididos: las directivas de la universidad que tienen un papel preponderante en las decisiones del Consejo Superior de ésta y el estudiantado que va ganando apoyo del profesorado y el resto de la comunidad univesitaria. El tema suena en los pasillos desde hace un tiempo pero en estos momentos la situación va tornándose material, generando inquietudes dentro del Alma Mater y la ciudadanía. Es el acuerdo 01 de 2011 aprobado por el Consejo Superior para el segundo semestre de este año que implementa una nueva tabla de matrículas que incrementa los pagos para estudiantes nuevos y reingresos, el pago del 5% por ciento de la matrícula por cada crédito de materias intersemestrales y la eliminación de muchos beneficios y subsidios estudiantiles para una gran población de universitarios de la clase media.

Esto ha hecho movilizar a la población estudiantil y se han sucedido frecuentes discusiones asamblearias, ceses académicos y manifestaciones callejeras tan notables como la realizada el 22 de febrero en una marcha-carnaval que buscó informar a la población manizalita sobre la problemática de las matrículas y que generó un boom de expectativa frente a la situación de la universidad más barata del país.

¿Qué dicen los estudiantes?

La principal demanda de la estudiantina es la derogación sin negociaciones de tal acuerdo. Ese es el nudo de las discusiones. «No al alza de matrículas», gritan los estudiantes y escriben en sus carteles. Pero más allá de eso hay muchas problemáticas subyacentes —y otras que se van sumando—haciendo del problema no algo exclusivo de la universidad sino de la ciudad. En la memoria de los estudiantes de la Universidad de Caldas está el hecho de la irrupción del ESMAD en el año 2007 permitida por el reelegido rector Ricardo Gómez que da el visto bueno al alza y ahora goza de impopularidad entre la comunidad estudiantil que lo declara persona non grata para la universidad, por lo cual algunos piden la dimisión de su cargo.

Por otro lado está la discusión más influenciada por situaciones globales y reivindicativas que trascienden la discusión coyuntural y abogan por una educación gratuita, o sea el no pago de matrículas. Sin embargo, los esfuerzos de los impulsadores de este movimiento —es de resaltar los rostros nuevos y diversos de esta coyuntura— se centran en la unificación de las fuerzas y el mantenimiento de un logro común como lo es la derogatoria del acuerdo del alza de matrículas, con el fin de mantener robusto y dinámico el naciente movimiento estudiantil coyuntural, que es aún muy efusivo e inestable, teniendo en cuenta el gran trabajo que se ha hecho tratando de enfrentar la problemática más grande: la indiferencia.

La respuesta de las directivas tampoco es conciliatoria. Su posición frente al alza es sólida. Se mantiene. Y los intentos por conciliar por parte de los estudiantes han sido ignorados por el rector, que se niega a asistir a los foros de discusión públicos frente al tema, reuniones de comisiones especiales elegidas por la Asamblea General de Estudiantes y que se empeña en mantenerse recio ante la situación, alegando problemas de seguridad para con su persona y afirmando ante los medios locales que el movimiento estudiantil es un problema de “orden público” y cuyos líderes son unos “enemigos” de la Universidad que le mienten a la comunidad estudiantil. Esas aseveraciones graves sobre un tema álgido que no es muy claro —por lo menos el estudio que avala el acuerdo no ha sido publicado— y que podría llevar a situaciones más radicales por parte del movimiento estudiantil que el día 2 de marzo decidió unánimemente en Asamblea el bloqueo del Edificio Administrativo. Estas decisiones cada vez se tornan más relevantes y van sumándose a las expresiones de inconformidad de la ciudadanía de Manizales que también está movilizándose por temas como el alza del impuesto predial, el alza en los recibos del agua y en el transporte público.

Los estudiantes se mantienen firmes defendiendo sus derechos tomando conciencia frente a las problemáticas de su institución y asistiendo cada vez en mayor número a sus asambleas, constantemente más preocupados y curiosos. La meta es tumbar el acuerdo de alza de matrículas. ¿Quién sabe qué ocurra después? ¿Ni qué puede ocurrir si las negativas de su rector exasperan un movimiento estudiantil civilista, pacífico y democrático —como se ha designado y como se ha mostrado al público—? El problema se extiende y de eso se habla en toda Manizales. Mientras tanto se siguen moviendo las cosas en los pasillos y el Hall Central de la Universidad de Caldas resguarda un símbolo de este nuevo movimiento en contra de la privatización lenta de la educación superior pública colombiana: un pupitre elevado en una alta estructura de madera con el precio de la matrícula más alta bajo la nueva tabla de matrículas y que lleva un cartel que dice: «Siéntate si puedes».



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