Juventud indocumentada en Estados Unidos: una experiencia compartida del sueño americano que se evapora

 Jairo Restrepo (Florida, Estados Unidos)

El sueño americano no siempre llega aunque usted sea una estudiante con excelentes calificaciones, domine el inglés como su primer idioma y haya vivido la mayoría de su vida en Estados Unidos.

El Cineasta Jess Salmeron

El sueño americano no siempre llega aunque usted sea una estudiante con excelentes calificaciones, domine el inglés como su primer idioma y haya vivido la mayoría de su vida en Estados Unidos.

Jesse Salmerón es cineasta y reside en Houston (Texas). Él conoce la incertidumbre y la frustración de vivir en el país del sueño que no se puede atrapar a dos manos al no tener los documentos que certifiquen que es un residente legal.

Salmerón nació en El Salvador, país centroamericano del cual emigró en la década de los años ochenta durante el conflicto armado. En Estados Unidos vivió indocumentado por unos 12 años y ahora a sus 32 años es un residente legal: «Viví indocumentado hasta los 15, afortunadamente antes de que entendiera lo que significa».

«Llegué a los tres años de edad —dice Salmerón—; mi madre me trajo con mi hermano y mi hermana. Ella nos crió sola, tenía dos empleos, trabajaba 18 horas al día y se aseguró de que fuéramos a la escuela». Salmerón estudió literatura y teatro y se graduó con honores en la Universidad de Houston. Hoy cuenta con documentales y largometrajes las experiencias de personas indocumentadas, mujeres, jóvenes y menores de edad, en el país norteamericano.

Su trabajo más reciente, Dreamer, cuenta la experiencia de un joven, uno entre centenares de miles, que tras 10, 15 ó 20 años en el país se identifica por su cotidianidad como estadounidense pero a quien las leyes migratorias lo catalogan como “ilegal” porque nació en otro país.

El sueño hoy

Quien llega a Estados Unidos de otro país o nace de padre y madre que arribaron allá en un momento de sus vidas debe tener una visa otorgada por la embajada estadounidense del país de origen. Millones de personas de Latinoamérica no la tienen y ahora están indocumentadas.

Si una persona indocumentada quiere “regularizar” su estatus migratorio es preciso contratar a un abogado especializado y llevar su caso a una corte del Departamento de Justicia especializada en casos migratorios.

El primer problema es el costo de ese abogado, pues millones de trabajadores indocumentados no cuentan con el dinero para pagarlo. Incluso el precio del trámite para obtener la residencia es muy alto para muchos inmigrantes. El otro, más grave aún, es que, aunque consiga el dinero y pague el servicio de la representación jurídica, puede perder el caso y recibir una orden de deportación. También lo puede ganar, después de lo cual recibe su residencia permanente, pero debe esperar otros cinco años para solicitar la ciudadanía.

Sólo el costo del formulario para los procesos migratorios más comunes —como el ajuste del estatus, la residencia permanente, la ciudadanía y los permisos de trabajo— van desde los 400 hasta los 1.000 dólares. Según el Buró del Censo de Estados Unidos (U.S. Census Bureau), el ingreso medio en el año 2009 para una familia de personas que no son ciudadanas estadounidenses fue de 36.000 dólares (3.000 dólares mensuales).

Una oficina de abogados especializada en inmigración cobra según el proceso. La organización Apoyo Migratorio de Estados Unidos (U.S. Immigration Support) indica que la tarifa media para tramitar la tarjeta de residencia permanente o recurrir una orden de deportación es de 2.500 dólares.

Para las personas jóvenes de origen latinoamericano que han pasado toda su vida en ese país el trámite es el mismo salvo que muchas de ellas no reconocen su país de origen y no hablan castellano, pero sí las pueden deportar.

La DREAM Act

La realidad de miles de estas personas jóvenes llevó a los senadores Richard Durbin (Partido Demócrata) y Orrin Hatch (Partido Republicano) a presentar en el año 2001 la propuesta legislativa DREAM Act que de convertirse en Ley abriría un camino para que centenares de miles de jóvenes inmigrantes legalicen su situación migratoria.

Dream, que en castellano significa sueño, son las siglas de la propuesta legislativa Development, Relief and Education for Alien Minors (Desarrollo, Ayuda y Educación para Extranjeros Menores).

Mediante la DREAM Act jóvenes que llegaron a Estados Unidos antes de los 16 años de edad, que no tengan antecedentes penales y en disposición de realizar estudios superiores o prestar el servicio militar por un periodo de dos años empezarían un proceso que dura un total de seis años y al final del cual obtienen la residencia legal. La DREAM Act no da a una persona la ciudadanía estadounidense.

El senador Durbin ha dicho que muchos de las personas migrantes jóvenes beneficiarias de la DREAM Act —que él aún lidera en el Senado— son vitales para el futuro económico de este país.

En la lucha política por una reforma migratoria integral se encuentran los sectores más conservadores y más liberales del establecimiento político estadounidense.

La DREAM Act beneficiaría a un grupo relativamente pequeño de personas indocumentadas. Como máximo serían dos millones de jóvenes con estudios superiores que hacen pensar en un aporte económico y social crucial para el futuro del capitalismo de este país.

Por eso decenas de intelectuales, empresarios, líderes religiosos, sindicales y militares de diferentes tendencias políticas están de acuerdo con el senador. Argumentan que los inmigrantes crean más empresas que los nativos al tiempo que representan un número importante de la fuerza laboral.

Los líderes religiosos y sindicales apoyan la DREAM Act por razones humanitarias, éticas y de solidaridad con la población trabajadora. Otros sectores como el empresarial, el agroindustrial y los voceros de las Cámaras de Comercio insisten en la importancia económica de la juventud indocumentada pero criada en Estados Unidos.

Estudios como los del Centro de Políticas Migratorias (Immigration Policy Center) y del Foro Nacional sobre la Inmigración (National Immigration Forum) indican cómo estos y estas jóvenes fueron educadas en las escuelas y colegios públicos y legalizar su estatus migratorio les va a permitir continuar una vida “normal”: trabajar, generar ingresos, pagar impuestos, consumir; actividades que benefician a la economía nacional.

Otros argumentan que como el grupo que ha mostrado el mayor número de nacimientos durante los últimos diez años es la comunidad latina, esa va a ser el futuro de la fuerza laboral y militar, sectores que requieren de gente con buenos niveles educativos.

Durbin agrega que no tiene sentido invertir en la educación primaria y secundaria de este grupo poblacional para dejarlo sin futuro una vez llegue a la etapa de los estudios superiores.

Detractores de la DREAM Act como el senador republicano de Alabama Jeff Sessions aseguran que permitiría que millones de indocumentados se conviertan en ciudadanos estadounidenses. Sessions explica que la DREAM Act no está claramente reglamentada y abre espacios que hacen posible que estas personas terminen por traer más familiares de su país de origen.

Además argumenta que muchos, sin dar una cifra precisa, de las y los jóvenes beneficiados terminarán por quitarle becas gubernamentales a estudiantes nativos. Es importante dejar claro que Sessions expresa lo que piensa gran parte de la ciudadanía y organizaciones que se oponen a cualquier medida migratoria que no sea restrictiva y represiva.

El senador cubano-americano Marco Rubio (Partido Republicano) es otra voz de peso que desde la derecha dice que no se puede aceptar la DREAM Act. Rubio acepta que estas personas necesitan una solución pero, para él, primero está la seguridad y después habría que reformar el quebrantado sistema de normas que regulan la migración legal. Insiste que una solución para estos jóvenes que llegaron a Estados Unidos ilegalmente no puede ser una amnistía.

En la misma línea, Organizaciones como la Federación Americana para la Reforma Migratoria (Federation for American Immigration Reform), Números USA (Numbers USA) y el Centro para los Estudios Migratorios (Center for Immigration Studies) sólo aceptan la detención y deportación de la población indocumentada así como leyes migratorias restrictivas que le prohíban todo tipo de servicio social así como de salud, empleo, vivienda o educación. La DREAM Act es para esos grupos una forma de amnistía.

Su rechazo los lleva a organizar protestas y foros, divulgar su mensaje por los medios de comunicación o presionar a legisladores estatales y federales a votar en contra de la ley. Y tienen el apoyo de legisladores republicanos tanto a nivel federal como estatal que comparten la ideología restrictiva y rechazan todo lo que consideran un premio para quienes entraron a Estados Unidos sin papeles.

Sólo unas 825.000 personas legalizarían su residencia

Un estudio reciente del Migration Policy Institute (Instituto de Política Migratoria) plantea que de las más de dos millones de personas que se podrían beneficiar con la DREAM Act sólo unas 825.000 alcanzarían el estatus de residentes legales.

El Migration Policy Institute es una organización que estudia los procesos migratorios por todo el mundo y considera que la migración debe ser administrada de una manera inteligente, activa, para beneficio de los migrantes, sus familias, los países de origen y los países de llegada.

Pero la verdad es que la DREAM Act, tras diez años de su propuesta, no ha avanzado ni en el Senado ni en la Cámara por falta de apoyo político.

En el año 2006 el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, propuso una reforma migratoria integral que robó toda la atención de las organizaciones que apoyan a la población inmigrante. En ese ambiente la DREAM Act no era una prioridad, pero la reforma de Bush no fue aprobada. La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca iba precedida de promesas reformistas que legalizarían la situación de millones de personas indocumentadas. Al cabo de dos años las detenciones se incrementan —cerca de 780.000 entre el año 2009 y el 2010— y según un memorando del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas unas 150.000 personas detenidas fueron deportadas en 2010.

La juventud se moviliza por la DREAM Act

Ante esta frustrante realidad, centenares de personas jóvenes indocumentadas que viven en las sombras del miedo y proceden mayoritariamente de América Latina han salido a las calles de ciudades estadounidenses para exigir que se apruebe la DREAM Act.

Estas acciones no violentas y las movilizaciones se han dado en ciudades como Los Angeles, Chicago, Tucson, Miami, Nueva York, Washington D.C., Minneapolis, St Paul, Atlanta, Ft Lauderdale, Tampa, Orlando, Dallas-Fort Worth, Houston y más. Pueden ser eventos de pequeños grupos o que cuentan con la participación de muchas personas.

Oscar Chacón, director ejecutivo de la Alianza Nacional de Comunidades de Latinoamérica y el Caribe, cree que la DREAM Act ha inspirado a miles de jóvenes que han asumido todo tipo de protestas y por eso esta propuesta de ley es tan visible.

Chacón agrega que en el verano del año 2010 hubo centenares de protestas en colegios y universidades en apoyo a la ley. La DREAM Act, dice Chacón, muestra una alternativa que va a impactar la lucha por la reforma migratoria y los derechos de la población inmigrante durante los próximos cinco o seis años.

Las organizaciones más activas son DREAMActivist y DREAM Act, que conectan por internet a la juventud, la fuerza tras la lucha por la aprobación de la ley.

Mohammad Abdollahi, uno de los fundadores de DREAMActivist, explica que también ayudan a jóvenes que están en la Corte en proceso de deportación. Abdollahi agrega que ante el creciente número de peticiones de ayuda que reciben hace pocas semanas, DREAMActivist publicó una guía para explicar cómo luchar contra la deportación.

Dreamer, soñador

Afiche de la película Dreamer dirigida por Jesse Salmerón

En este contexto Jesse Salmerón viene desarrollando su más reciente película, Dreamer, que cuenta la historia de Joe Rodriguez, un joven bien educado y buen mozo que acaba de graduarse de la Universidad. Le sucede que justo cuando va camino de lograr el gran sueño americano la empresa para la que trabaja descubre que él es un indocumentado. Su mundo se le viene al suelo.

Salmerón explica que comenzó a escribir el guión de Dreamer en diciembre de 2010.

«Muchos activistas que apoyaban la DREAM Act tenían muchas esperanzas de que pasara en diciembre del año pasado —cuenta Salmerón —. Quedaron devastados cuando no fue así. Sólo ver el desespero en sus ojos me motivó a sentarme y escribir el guión de Dreamer».

Salmerón explica que en este momento está hablando con diferentes personas interesadas en la producción de Dreamer pero no hay claridad en los detalles, por ahora no puede confirmar nada, salvo que hay varias opciones para sellar la producción.

Salmerón agrega que la campaña para recaudar fondos entre la comunidad fue todo un éxito. A mediados de julio la campaña alcanzó su objetivo y recaudó un poco más de 50.000 dólares gracias al esfuerzo coordinado a través de Kickstarter.com que organiza este tipo de campañas para proyectos creativos que no tienen el presupuesto necesario.

El joven cineasta explica que él ve que viene creciendo la producción de obras que exploran el problema de los y las indocumentadas. Agrega que hace poco conoció obras de arte, dibujo y pintura de diferentes artistas «que me sorprendieron por su calidad e intensidad; en cuanto a películas vale mencionar A Better Life (Una vida mejor)».

A Better Life muestra la vida de un padre latino que hace lo necesario para criar a su hijo. En esa lucha diaria el padre compra una camioneta que alguien termina robando, lo que desata una serie de peripecias que enfrentan a padre e hijo, porque el padre es indocumentado, lo que elimina la opción de acudir a la policía.

Salmerón dice que A Better Life, dirigida por Chris Weitz que no es de la comunidad latina, no tiene la textura que surge cuando es su comunidad la que está en la pantalla.

«Al vivir el problema de ser indocumentado, al vivir en una comunidad, usted conoce los pequeños detalles, cómo la gente interactúa, cómo siente —agrega Salmerón —. Cuando alguien viene de afuera es diferente; esta textura interna está a lo largo de mis películas».

Jeremy Ray Valdez protagonista de la película Dreamer

Salmerón añade que cuando dos jóvenes indocumentados están juntos, hay detalles que no hace falta verbalizar, detalles que ellos sobreentienden. «Ser indocumentado es una experiencia compartida, uno reconoce y se reconoce en su lucha, no hacen falta tantas palabras», dice Salmerón.

Y esta experiencia compartida, agrega, existe entre jóvenes indocumentados aun cuando unos no sean tan americanizados, sean más latinoamericanos, aunque hablen más castellano unos que otros.

Salmerón también terminó en el 2007 Undocumented (Indocumentado) un documental sobre las manifestaciones del año 2006 protagonizadas por inmigrantes en varias ciudades de Estados Unidos como parte de la lucha por sus derechos.

Otra película suya es This Is America (Esta es America) que explora los problemas de un joven luego de que su madre es detenida y deportada.

Salmerón concluye que su trabajo cinematográfico, especialmente Dreamer, va a cambiar cómo se hacen películas latinas. «Creo que Dreamer puede cambiar el arte latino en general. A lo largo de la historia cuando un grupo se alza y lucha en colectivo contra la opresión y usa el arte con ese propósito se crea material nuevo y estimulante. La necesidad da lugar a formas más desarrolladas y los artistas avanzan y crean más. El individuo y el arte queda transformado». Y añade que tiene otro guión listo y está preparado para lanzar muchos proyectos.


One Comment on “Juventud indocumentada en Estados Unidos: una experiencia compartida del sueño americano que se evapora”

  1. Liliana Ochoa dice:

    Amigos, por fin un excelente artículo!!!!!!. Claramente se ve la doble moral gringa, su falsa democracia y la politica y sentimiento racista presente en su sociedad. Ojala podamos ver esas peliculas aqui.


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