Chivas para arribar, tulpas para calentarse, bastones para proteger. Tres días en la Univalle para los pueblos organizados

Desde el viernes 30 de septiembre de 2011 empezó en la Universidad del Valle, institución pública con sede en la ciudad de Cali, el Congreso de Tierras, Territorios y Soberanías, espacio de encuentro de múltiples organizaciones campesinas, indígenas, estudiantiles y de barrios populares y donde colectivamente plantean alternativas en vista a solucionar sus principales problemáticas con respecto a tierras, territorios y autonomía como grupos humanos.

John Jairo Duque

Agarrados de la chiva, rumbo al Congreso

Caminamos otra vez por entre combos de tulpas. Algunas comunidades indígenas llaman tulpa al fogón alrededor del cual se desenvuelve un sinnúmero de relaciones, entre ellas el compartir alimento, su elaboración y la palabra. Al fondo resuena amplificada la música indígena resaltando la flauta que no falta. Rato por rato llega una chiva y otra, desde uno y otro resguardo indígena, que viene del Cauca, con la capota ya llena de personas, ya cargada de leña, que luego descargan entre hombres y mujeres, y arrumes de su propio pancoger, incluido mucho plátano verde.

Cuando están pasando los anunciadores con el gran megáfono citando a la instalación del Congreso, a eso de las 4 y 30 de la tarde arrima una chiva que trae un recorrido de tres horas desde Corinto, municipio también del departamento del Cauca; así cuenta una pareja de indígenas de bastante edad, que apresuradamente se bajó buscando agua con qué lavarse la cara tan cargada de historia y resistencia diaria.

Llegando al Congreso

Entre las variadas formas de montar el rancho con plástico, don Calixto desamarra el bejuco que junta los palos, coge uno por uno y lo hunde en un hueco de los dos que tienen estos adobes de cemento; además comparte chontaduro, también llamado naranja o amarillento, acompañado de sal o miel. Al calor de sus muchas tareas de esta tarde, agrega en sus explicaciones cómo cogen esta fruta con una vara larga, porque la sostiene un palo lleno de espinas desde abajo. Esas espinas y la contextura harinosa de este alimento muestran el poder de la tierra.

Don Calixto viene con la delegación del resguardo La Cascada del municipio de Dagua, cerca al mar Pacífico; como dice Floro, su vecino, quien hace parte del cabildo Cweskiwe (cabildo de nuestra tierra),«acá estamos al pie de la lucha, de la resistencia contra el Estado que monta leyes a favor de los empresarios y desmonta las que favorecen a los indígenas; entonces tenemos que estar resistiendo cada año en estos congresos, siempre unidos», compartiendo ideas y mirando «cómo debemos luchar en nuestro territorio».

Rostros en el Congreso

En asuntos de logística, desde allí también venían «prevenidos con nuestra leña, nuestro chontaduro y todo, porque ya hemos luchado en varios congresos y tenemos experiencia».. Experiencia que las personas de la ciudad necesitan ir cogiendo. Esa es la reflexión que sugiere don Calixto.

Al cabo de las 5, la tarde está repleta de campamentos, campesinas e indígenas que siguen descargando su pancoger. Calixto adecúa y amarra una cabuya en el palo del rancho donde está la olla y la venta de aquella preciada fruta (chontaduro), además de chirrinchi o biche, una bebida embriagante a base de caña.

La fuerza de la niñez en el Congreso

En vez de un bastón de mando, coge un machete y a pulir palo. Al fondo, empiezan a caminar en hilera y envueltos en soplos de leña los y las integrantes de la guardia indígena «zona norte del Cauca», como está impreso en la espalda de los chalecos que algunos llevan, cuya base roja y verde resalta sobre el color gris de ese chaleco. Con la rápida andanza de la guardia, produce escalofrío saber que solo están armados de bastones de importancia ancestral, pues nunca quisieron usar fusiles de los grupos armados, a los que a veces desarman evitando ser hostigados.

Guardia indígena

Hoy en la UniValle, despliegan uno que otro silbido con el bastón levantado a la altura de la cara. Caminando con los bastones, hombres y mujeres de todas las edades laboran en la seguridad cuidando que no haya perjuicios para las personas que asisten al Congreso; una gran universidad de la experiencia de lucha de campo y calle reunida en la gran UniValle. Al entrar a la instalación del Congreso dando vueltas en una pequeña cancha, de un momento a otro la guardia indígena sigue formando giros de bastones cubriendo al fin todo el campo, luego cubierto por sonidos de rap y obras de teatro, y por las voces de las delegaciones presentes y en lucha.


One Comment on “Chivas para arribar, tulpas para calentarse, bastones para proteger. Tres días en la Univalle para los pueblos organizados”

  1. DIOSA dice:

    Gracias por mantenernos informadxs!


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