Entrevista. Las aguas recorren todos los demás ejes de trabajo en el Congreso de Tierras, Territorios y Soberanías.

En marzo, la defensa del agua se convirtió en defensa del territorio. Archivo Notiagen

En entrevista con Danilo Urrea, miembro del Comité de Impulso del Congreso, Colombia Informa preguntó el porqué de incluir el tema de aguas como un eje, las interpretaciones de lo que ocurre en el país con ellas, las implicaciones de las políticas al respecto, los actores que intervienen, las perspectivas y los retos.

Tierras, territorios y soberanías son los tres grandes temas del Congreso que sesiona en estos días en la ciudad de Cali, Colombia, y que toma su nombre de ellos. Varios miles de personas de muchos lugares del país se encuentran desde el 29 de septiembre y hasta el 3 de octubre para debatir, proponer y consolidar mandatos. Se escogieron siete aspectos considerados básicos para comprender lo que ocurre con esos tres grandes temas en el país. Uno de ellos es el de Aguas, al que se le dedicó una mesa durante el día de ayer.

Consuelo Iriarte: ¿En el marco de un congreso que se llama de Tierras, Territorios y Soberanías, cómo entender la importancia de hablar de las aguas en nuestro país?

Danilo Urrea: todo lo relacionado con el agua ha alcanzado en Colombia mayor importancia, desarrollo e interés en los últimos años, tanto en aspectos de investigación y teóricos, como en materia de articulaciones entre varios sectores sociales (sindicatos, ambientalistas, afrodescendientes, vocales de control, ligas de usuarios, campesinos e indígenas), para entregar algunas soluciones a las problemáticas de privatización y mercantilización que imperan en su ámbito.

En el año 2007 se hizo en Colombia lo que conocemos como el camino hacia un Referendo por el Agua, del que mucho se conoció en su momento, en el que se articularon sectores organizados de la sociedad, como los que mencioné‚ para llegar a unos acuerdos y esos acuerdos se expresan en el contenido de una exposición de motivos presentada al gobierno nacional para sustentar la posibilidad de un cambio constitucional en el marco de los mecanismos constitucionales de participación popular -Referendo–; al mismo tiempo, esos sectores comienzan a trazar, más allá de la formalidad del Referendo, una ruta y unas líneas de acción para enfrentar la privatización y la mercantilización en materia de aguas y hacerlo con unas tesis y unos postulados fundamentales.

Entre esos postulado está la definición del agua como un bien común y un derecho humano fundamental, la necesidad de entregar un mínimo vital gratuito a toda la población colombiana, la necesidad de retomar el control de la gestión del agua por parte del Estado y de los acueductos comunitarios –las comunidades organizadas–y la necesidad de prestar protección especial a los ecosistemas esenciales que regulan el ciclo del agua. En eso se condensa la propuesta trabajada desde 2005 hasta 2009, en la propuesta de Referendo por el Agua.

CI: ¿Estas tesis y dinámicas tienen incidencia entonces en este Congreso?

DU: En 2008, procesos como la Minga de Resistencia Social y Comunitaria toma para sí esas propuestas y las ubica en la plataforma de reivindicaciones que levantó en ese año y que mostró al país y al gobierno colombiano, entonces presidido por Álvaro Uribe Vélez; la Minga incluyó otros puntos específicos provenientes de su propia dinámica de articulación. Todo sigue su curso hasta que en 2010 el Congreso de los Pueblos, evento adelantado en octubre de 2010 en Bogotá, tuvo una mesa de debate dedicada al tema de aguas, que al final apoya los acuerdos que se venían trabajando intersectorialmente. Se incorporan ahora unas líneas de acción, como el fortalecimiento de las comunidades organizadas –acueductos comunitarios y sistemas comunitarios de agua– para enfrentar los Planes Departamentales de Agua, actualmente la principal herramienta de privatización del gobierno de Juan Manuel Santos, pero que existe desde 2007.

En ese mismo Congreso se pide fortalecer el trabajo territorial en las luchas por el agua, dado que se ve el agua como eje articulador de las problemáticas de represas, minería, agrocombustibles, explotación de petróleo, siembra de pino y eucalipto y en general en todo el modelo de industria extractiva en el que se basa la economía colombiana.

"Nuestro verdadero Dorado es el agua", frase del plantón frente al Ministerio del Medio Ambiente en el mes de abril de 2011. Archivo Notiagen

Se llega a este escenario del Congreso de Tierras, Territorios y Soberanías con un balance de todo lo anterior y se percibe con claridad que existen condiciones para construir un mandato en torno a cómo gestionar el agua en Colombia, cómo administrarla sobre la base de entenderla, no como servicio, sino como un bien común y como un elemento inherente a la naturaleza, inherente a los seres humanos.

Además, se ve fundamental definir en este momento cómo hacer este trabajo desde las comunidades mismas, desde los procesos organizados, pues sabemos que lo que impulsa el gobierno colombiano es un programa completo de mercantilización, basado en lineamientos de entes exteriores a nuestros intereses, el Banco Mundial.

Se pensó el agua como un eje trasversal a los demás porque en todo lo relacionado con tierra y territorio el agua sufre afectaciones o es un elemento de articulación, pero también es necesario que haya un mandato constituido específicamente para lo que tiene que ver con la gestión territorial del agua y con los modelos de gestión; esto último significa que lo referente al servicio de agua es una gestión diferente a la territorial. Estas son las propuestas para debatir en estos días.

CI. Vamos por partes… Usted habla del agua como bien común y opone esa idea a la de la mercantilización. Habla también de fortalecer la incidencia de las comunidades…

DU: Fortalecer las comunidades significa fortalecer modelos territoriales de gestión, para definir, por ejemplo, cómo se maneja la cuenca, porque son las comunidades las que viven en esas cuencas; entonces eso delimita ya una garantía de que el Estado se preocupará por un ordenamiento territorial mas allá de unidades administrativas y tenga a los territorios como los que hacen la gestión del agua. Eso es completamente diferente a lo que pasa hoy en Colombia. Específicamente, los acueductos comunitarios pueden garantizar que no pase lo que está pasando en las cuencas, como la deforestación y otros desastres.

CI: Bien común o mercancía… ¿Ahí está la principal contradicción?

DU: Primero subrayo lo siguiente: hablamos de bien común, más que de bien público. La Constitución colombiana reconoce el agua como un bien público, lo que quiere decir que como tal, le entrega su administración directamente al Estado, pero el Estado que conocemos hoy promueve el neoliberalismo, lo que implica que como administrador del bien público puede delegar su función al que le convenga: a corporaciones, a entidades privadas o a comunidades organizadas; pero esto último, permitir esa intervención a las comunidades, no ocurre en Colombia. Ese concepto de bien público que aparece en la Constitución nos parece importante, siempre nos va a parecer importante que el Estado sea el garante del manejo del agua, pero debe ser un Estado Social de derecho, no uno entregado a las corporaciones trasnacionales.

Entonces, el concepto de bien público hoy no alcanza para garantizar que el agua sea un bien que de verdad satisfaga las necesidades de la población colombiana. De allí la aparición de la noción de bien común, porque el bien común supera esa visión limitada de bien público, entendido lo público en manos del Estado. Sería muy útil trabajar la idea de lo público más allá del Estado, que haya fuerza en ese concepto de las comunidades organizadas.

CI: de ahí, imagino, salen planteamientos para trazar líneas de acción.

DU: Surgen las preguntas: ¿cuáles bienes son comunes a la sociedad y a la naturaleza y cuál es la manera de administrar esos bienes si son comunes? ¿Cuál es la manera de acceder a esos bienes si son comunes? Eso es todo un debate que se ha tenido especialmente en los foros mundiales del agua, de donde viene la noción que estamos comentando y obviamente son bienes que le pertenecen por igual a toda la sociedad y a la naturaleza.

Entonces, primero hay que tener un pacto ético, filosófico. Para tener una relación con esos bienes comunes se debe determinar que ellos no se pueden entregar a ningún particular para que los administre, pues son de todos y de ninguno. Y tiene que haber unos postulados, unos compromisos y acuerdos entre quienes necesitan acceder a esos bienes para que esos bienes se mantengan, se conserven y al mismo tiempo permitan que se cubran las necesidades básicas de la sociedad. Y obviamente esto es completamente contrario a la mercantilización.

CI: ¿Qué significa el agua como mercancía, mercantilizar el agua?

En Ituango, Antioquia, se expresó en marzo de 2011 el rechazo a la mercantilización del agua. Archivo Notiagen

DU: No se puede ignorar en esto la incidencia del Banco Mundial. El Banco ha puesto un falso dilema en el debate, que es al mismo tiempo tramposo. Dice que el agua es una necesidad, que no es un derecho. Dice que es una necesidad porque es fundamental para vivir e inmediatamente indica que siendo una necesidad debe ser administrado por unos agentes que garanticen que se va a cubrir esa necesidad y que para eso se requieren patrones de mercado. Si no hay estos patrones de eficiencia y eficacia en la gestión de distribución esa necesidad no se va a satisfacer.

Y al tiempo que ve el agua como necesidad, mal entiende que debe haber un modelo de gestión que pase necesariamente por regulaciones económicas para satisfacerla. Cuando el agua se ve como un derecho, pasa completamente lo contrario. No es necesario hacer una mirada economicista, sino desde los factores de la garantía del bienestar de la comunidad. El Banco Mundial va poniendo esa visión del agua como necesidad, al tiempo, la va convirtiendo en agua como mercancía, porque la sujeta a mecanismos de mercado. Por ejemplo, quién puede pagar más por el agua y quién no puede pagar tanto y eso ya significa sacarla de la garantía del derecho y ponerla en el ámbito de la adquisición de bienes.

CI: ¿Qué ese un mandato, un mandato por el agua y por qué trabajar en este Congreso hacia su construcción? ¿Cuál es el alcance que se da en estos momentos a esos mandatos?

DU: En nuestro caso, un mandato es una formulación de derechos y deberes que construyen las sociedades para administrar o tener una correcta utilización de un bien común. Un mandato se llama así porque es un compromiso adquirido ante acuerdos a los que se ha llegado entre organizaciones, procesos, personas y movimientos frente a un tema determinado. Esos acuerdos contienen lo que se debería hacer, quiénes y cómo lo deberían hacer y el compromiso mismo. Esto último es la primera condición o premisa de un mandato. Se hace un mandato para que quienes lo construyen lo hagan realidad. Es lo que el zapatismo llamó mandar obedeciendo…

En esta etapa de la construcción de esos mandatos, hay que tener presente que hay sectores sociales que todavía están ajenos a ella y hay que invitarlos a participar en esa construcción, a entregar su visión frente a lo que les parece y nos les parece… porque no se entiende en este caso como una imposición, sino que debe pretender la inclusión de esos sectores sociales proclives a compartir la visión del agua como bien común y que están todavía por fuera.

El gobierno por su parte debería ceñirse, pues son mandatos populares y los pueblos en las democracias son superiores a sus gobernantes; los pueblos tienen la responsabilidad de que se cumplan. Si se entrega el mandato a los gobernantes estos tienen que respetar la construcción del mandato y dar en lo que le corresponde las posibilidades para que eso pueda ser real.

CI: ¿Cómo ve usted ahora la actitud y la participación de la sociedad con respecto a la problemática de las aguas, particularmente de las comunidades organizadas?

DU: Para responder esto es útil entender primero que Colombia es un país de territorios del agua; esos territorios han sido los gestores de las culturas que existen en el país. Si uno ve cómo se han desarrollado las culturas afrodescendientes, campesinas, indígenas, urbanas, se que todas se han desarrollado alrededor del agua. Bogotá, por ejemplo, se organizó en torno a sus principales ríos y cuencas… Tenemos las culturas anfibias del bajo Sinú, la relación de los indígenas Wayúu con el río Ranchería, en el Chocó, la vida alrededor del bajo Atrato… así podríamos seguir nombrando muchos casos.

Desafortunadamente, esas culturas que tuvieron esos desarrollos a partir de las aguas y que territorializaron su existencia a partir de esas relaciones con la naturaleza, hoy han sido atropelladas por dos fenómenos: el de un modelo instaurado con la implantación de proyectos mineros, de infraestructura para represas en los principales ríos del país, proyectos de pino y eucalipto en las cordilleras central y occidental, agroindustriales como la avícola en la segunda estrella hidrográfica del país, en Curití, Charalá y San Gil. Todos esos proyectos se instalan donde hay también esos pueblos territorializados en territorios de agua: cómo un país de territorios de agua se convierte en un país para la territorialización del capital mediante megaproyectos.

CI: ¿Y con respecto a las expresiones de resistencia?

DU: Creo que ha habido un interés completo, total de las comunidades y de las organizaciones sociales de tener una definición hacia dónde caminar en el tema del agua y eso se hizo manifiesto tanto en la Minga como en el Congreso de los pueblos, como en la preparación de este Congreso de Tierras, Territorios y Soberanías.

El movimiento Ríos Vivos está peleando porque el agua sea un derecho humano fundamental y para que los ríos no se represen en el país para generar electricidad. Entonces ahí hay cosas muy concretas del desarrollo de los postulados que se han tenido de debate en los encuentros anteriores ya puestos en lo territorial y por tanto real. En el departamento del Cauca, han enfrentado el problema minero peleando porque no se contaminen las fuentes de agua. En el páramo de Santurbán, la sociedad de Bucaramanga ha hecho muchas cosas para evitar que se impulse un proyecto minero del oro que acabaría con las fuentes de agua.

Sin embargo, hace falta un trabajo mucho más sistemático en el sentido de retomar un acuerdo nacional para definir las líneas de acción, de incidencia, de las organizaciones sociales frente al gobierno nacional en lo que está haciendo con el agua. Retomar esos comités territoriales, esos enlaces territoriales que en algún momento se generaron y que tenían un mínimo de organización para actuar conjuntamente frente al gobierno nacional.

Precisamente el Congreso de Tierras, Territorios y Soberanías es un buen momento para discutir esas posibilidades de construcción de movimiento a través de la generación de un mandato del agua que sea efectivizado territorialmente a partir de lo que allí se decida. El objetivo principal es avanzar en el tema del agua y articularlo con los demás ejes que se están trabajando. Llevar unas definiciones de líneas de acción que tienen que materializarse en la definición de las agendas políticas de las organizaciones y movimientos sociales. Y a partir de la construcción del mandato, ir viendo cómo construimos el movimiento por el agua que ya está en perspectiva y que tenga una interlocución directa con el gobierno colombiano.

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Un Comentario on “Entrevista. Las aguas recorren todos los demás ejes de trabajo en el Congreso de Tierras, Territorios y Soberanías.”

  1. maria dice:

    que bueno que hay un puñado de jovenes valientes, visionarios y aguerridos que no tienen edad, raza, creo ni filiacion, son USTEDES, cuya unica bandera que levantad es la verdad!!! adelante compañeros mi fuerza esta con ustedes.
    sakia


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