Un almuerzo en la plaza de mercado de ‘La Perse’ (Bogotá)

Por: Oscar Corzo

Interior de la plaza la Perseverancia llamada popularmente «La Perse»

Cuando hay dinero, almuerzo y paso en  la plaza de mercado de la Perseverancia algo más de veinte minutos. La zona de comidas empieza a llenarse desde las 11.30 de la mañana. Hoy la mayoría de clientes fueron obreros de una de las vías que están arreglando junto a la estación de policía ubicada a una cuadra hacía el sur, pero estaban también los tradicionales vecinos del sector, los vendedores de verduras y frutas del ala occidente de la plaza, los uniformados novatos y los agentes de tránsito. Todos, reunidos en grupos que nunca superan las seis personas, se ubican alrededor del eje central, compuesto por aproximadamente nueve cocinas enchapadas y cuatro enormes columnas de cemento.

Los clientes reunidos a la espera de ser atendidos siempre están predispuestos a conversar. Siempre hay algo que decir o algo sobre lo cual polemizar. Para ello se presta el televisor, sintonizado en el noticiero de un canal privado, y la excesiva cercanía; personalmente siempre prefiero escuchar. Cuando preguntan mi opinión casi nunca sé qué decir. No hay música, pero no por ello el ambiente es triste o lúgubre. Huele a comida en cada rincón. Hay ruido de loza y ruido de la plaza, voces, música distante y radios encendidos con los noticieros, movimiento vehicular afuera, conversaciones, vitalidad purulenta fluyendo, a veces, acompañada por el tímido sonido de la lluvia. El olor, a pesar de los ventanales y las frías corrientes mañaneras de la montaña, se entrelaza sin diluirse ni distorsionarse; hay algo de colectivo en aquella sinfonía olfativa, algo que, aunque característico, siempre me ha resultado imposible de definir.

entrada principal de la Plaza la Perseverancia

La instalación es enorme. El cielo raso está a unos diez o doce metros sobre nosotros. Es de una madera pulida y oscura; justo debajo están los enormes ventanales por donde entra la luz lechosa del día nublado. Hoy hacia el medio día hacía un poco de frío. Las puertas dan la cara a la montaña, desde donde suele bajar una corriente de aire bastante fría. Sin embargo, la vista siempre es agradable. La montaña y los tejados viejos no tienen mucho de sabor a Bogotá.

Las mujeres que nos cocinan visten siempre de colores claros. Un gorro plástico o de tela fina cubre sus cabellos y un delantal azul protege la parte delantera de sus ropas, sencillas pero siempre impecables. Casi todas viven en  el barrio La Perseverancia ubicado en la localidad Santafé en el centro oriental de la ciudad, aunque hay algunas señoras del oriente y el sur de la ciudad. En sus inicios fue constituido como un barrio de familias que venían de otros lugares  del país y que se asentaron alrededor del panóptico  el cual en otra época fue una cárcel y hoy es el museo nacional y la sede del colegio mayor de Cundinamarca. La Perseverancia fue fundada por las familias que venían de diferentes lugares del país huyendo de la violencia o la miseria y llegaron a estas tierras las cuales debieron tomar siendo considerado en sus inicios como barrio de invasión por las autoridades.Limita con el sur con el barrio la Macarena, por el norte con el barrio la Merced y está ubicado desde la calle 30 hasta la 33 y de la quinta hasta la circunvalar.

entrando al barrio la Perseverancia por la circunvalar

Sobre aquellas mujeres escribí el poema «Las mujeres de Puerto Asunción» por algunas conversaciones que escuché en diciembre, cuando había menos personas y sus labores eran menos azarosas. Sólo entonces tienen predisposición para conversar. En circunstancias como las de hoy distraerlas es inapropiado o más bien imposible.

Detrás de algunos rostros, que ya distingo, hay historias crueles. Ellas son testimonio de una Bogotá histórica que no es más que el residuo de un país exprimido; lo han escuchado todo, y saben más de este lugar que cualquier experto de las estadísticas. Abundan los testimonios de barbaries que sucedieron a kilómetros de aquí y de otras no tan distantes. Este barrio creció con una fuerte influencia de la ideología liberal por lo ocurrido en el bogotazo en 1948 y toda la guerra que se produjo aquel 9 de abril con el asesinato del caudillo liberal y que produjo uno de los periodos más sangrientos del país. Allí aun sus habitantes recuerdan a Jorge Eliécer Gaitán el candidato asesinado, así  lo evidencia un busto en su honor.

Una dormida al lado de Gaitán

Testimonios de una realidad insufrible a costa de infinitas repeticiones, de infinitos abusos; me hablan de personas despedazadas que llegaron aquí para sobrevivir, para soñar con un futuro digno y sobrecargarlo de esperanzas. Casi nunca son dueñas de locales, aquellas mujeres viajeras. Casi siempre son asistentes o aprendices de cocina. La amargura de sus recuerdos contrasta con la dulzura de su sazón.

Es el televisor el que predispone el tema a tratar entre los clientes conversadores. Las personas, aunque apresuradas a la hora de comer, sienten cierto impulso sentimental por saludar, discutir o simplemente establecer públicamente su opinión respecto a la noticia del día. Algunos polemizan, otros —como yo— asentimos o simplemente son indiferentes.

Otra de las entradas a la plaza de mercado

No hay un único restaurante. Junto a la pared, cada tres metros, hay una cocina diferente. Como algunas de las mujeres provienen de lugares diferentes del país, en un sólo lugar se juntan diferentes cocinas nacionales, diferentes tradiciones y técnicas para preparar la comida. El clímax del movimiento llega a las 12:30 pm. Cada mujer se esmera al máximo por sus clientes, que ya se reconocen entre sí por una particular fidelidad de barrio. Y ellas, predispuestas a cualquier tipo de amabilidad, sacan a lucir su instinto maternal y su concentración; los clientes nos sentamos en pequeñas mesas que son propias de cada local y se diferencian de unas a otras por colores característicos. He compartido la mesa con obreros y con policías, con ancianos y con coteros —hombres que cargan y descargan camiones—, con una modista y con camioneros de la plaza. He escuchado de ellos cientos de anécdotas que jamás habría imaginado, historias tan casuales y vitales que están congeladas en mi memoria, esperando su ocasión para ser comprendidas. He conocido, por boca de sus protagonistas, cientos de historias cargadas de casualidad y sencillez.

Los rostros de la escuela en uno de los lados del colegio Manuel Elkin Patarroyo

Los cubiertos y la vajilla son de excelente calidad, siempre limpios, siempre en perfecto estado. Ellas permiten que sus clientes tomen todo el jugo que deseen. Jamás he visto la más mínima señal de ausencia de higiene. Jamás he visto un rostro insatisfecho saliendo de aquel lugar.

Es el mejor almuerzo que he probado en la ciudad y uno de los más baratos. Un almuerzo barato en otros sitios de la ciudad llamado «corrientazo» puede costar entre 5000 y 7000, sin embargo en la plaza de la Perseverancia cuesta 3500. La comida tiene la dosis justa de especias y saborizantes. No hay sentidos empalagosos o deteriorados. Todo es tan fresco y vital como la mañana misma. En ella no hay nada de excesivo, nada se sobrecarga, nada molesta. En algo me recuerda a la comida materna, a la comida de mi abuela, a la comida de mi pueblo.


4 comentarios on “Un almuerzo en la plaza de mercado de ‘La Perse’ (Bogotá)”

  1. Pepita Pérez dice:

    Me encanto el artículo… y las fotos están geniales sobre todo la de la estatua de Gaitán!!!… perfecto…Besos y Abrazos

  2. Mariano Hinestrosa dice:

    Muy bien, este tipo de trabajos son refrescantes en medio de tanta marcha y evento sin analisis ni propuesta, la cultura y la cotidianidad son verdaderos bastiones de una nueva sociedad si se asumen con arte y belleza. Gracias por esta muestra de talento colombaino

  3. Edgar Montenegro dice:

    El origen del barrio fueron los lotes vendidos a los trabajadores de la naciente Bavaria. De hecho La Perseverancia es el primer barrio obrero de Bogotá y el año entrante cumple exactamente cien años. Es realmente insólito que alli -justamente- se celebre cada año el Festival de la Chicha, pues la prohibición de ésta bebida muy tradicional de origen indigena -que sobrevivió a ese y otros embates- fue para introducir e imponer la cerveza.

  4. Edgar Montenegro dice:

    Adicionalmente, si, la Perse fue declaradamente Gaitanista, cuentan que el caudillo fue varias veces al barrio y los vecinos muestran ventanas y sitios desde donde habló a la gente. Cuando lo mataron los vecinos de la Perse se bajaron a la dolida movilización de ese nefasto 9 de abril.

    Algun tiempo despues se colocó la estatua del lider en un pedestal que esta mas arriba del que hoy ocupa y donde hoy esta una estatua del Sagrado Corazón de Jesus con una placa “en memoria de Jorge Eliecer Gaitan” y cuentan que la estatua del lider quedó por ahi abandonada durante meses hasta que a lxs vecinxs se les ocurrió hacer otro pedestal y volver a darle realce.


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