Crónicas de Ibagué. Dueños nocturnos de la calle 12

Los negocios de la Calle 12 en Ibagué

En pleno centro de la ciudad, hay personas que se adueñan de sus calles al final de la noche y a la madrugada, gracias a la comida que preparan. Su fuerza es la tradición, que es capaz de solucionar para todos los gustos y hambres la necesidad de cada cual.

Cuando se prenden las luces de la ciudad y las familias duermen, aquellas personas empiezan su labor más significativa: ir por su sustento diario a través de su negocio, con el que dieron estudio y alimentaron a sus hijos. Salen a alimentar esas bocas noctámbulas, que van con hambre o ebrias, bocas peligrosas, o con rostros amistosos y familiares, de la calle, de lujos, de estómagos vacíos que van en cuatro llantas. Que van en busca de seguir una tradición, o de un plato de comida simplemente.

Johana Parra trabajando

Son los dueños de la calle doce entre carreras tercera y segunda, en pleno centro de la ciudad de Ibagué, capital del departamento del Tolima. Dueños en las noches y madrugadas con sus puestos de comidas informales. Uno de ellos es -Comidas de Peter-, atendido por Pedro Luis Viru y por su esposa Johana Parra. El otro es -La Gallina de la 12-, de la señora Luz Myriam González y de su esposo Hugo Giraldo.

 

 

 

 

Desde hace años

Shirley y Hugo Giraldo

Comidas Peter ofrece pasteles, empanadas, arepa’e huevo, tortas de carne con arepa pequeña, mientras que don Hugo y la señora Myriam brindan sopa de pastas con menudencias y una presa de gallina sudada que va desde el pescuezo hasta la rabadilla, con arroz, papa, yuca y plátano. Los fines de semana sacan a la venta tamales y la encargada de ellos es Shirley Giraldo González, la hija.

A Pedro Luis Viru sus clientes lo conocen como Don Pedro. Lleva 18 años trabajando allí, mientras que su esposa lo acompaña hace 5. Un poco más de tiempo tienen la señora Myriam y el señor Hugo: 30 años haciendo historia en la capital tolimense. Después de todo ese tiempo, ninguno de los dos negocios ha modificado ni un solo producto o plato; el único cambio ha ocurrido en La Gallina de la 12, puesto en el que anteriormente se servía en platos de vidrio y cubiertos metálicos, y por motivos prácticos y de higiene se pasó a servir en platos y cubiertos plásticos.

Calmado y gracioso es Don Pedro que sale con su esposa a trabajar a la calle 12, a las cuatro y media de la tarde, aunque el trabajo empieza al medio día, cuando Don Pedro se dirige al lugar donde preparan todas las comidas con la colaboración de Jeins, hijo de 24 años que tuvo de su anterior matrimonio quien pasó de estar sostenido por sus padres a sostenerse con el negocio de su padre.

A pocos pasos está la mesa con las ollas e icopores listos para servir a la clientela un suculento plato de sopa o una gran presa de gallina sudada. Son platos que tienen una tradición de 30 años, incluso más: hace 60 ó 50 años, otra señora, de nombre Tulia, vendía la presa de gallina con dos papas en una hoja de plátano. Solamente eso. Al enfermar, Luz Myriam cogió el negocio y agregó los otros platos. La mamá de la señora Myriam también vendía gallina pero en el sector de la calle dieciséis con tercera, puesto que le dejó a su otra hija y donde se encuentra otra parte de la familia como lo dice Shirley.

Gracias a todos esos años de trabajo, dice Hugo,  han alcanzado un gran reconocimiento, tanto en Ibagué como en el mundo. Han venido personas de países latinoamericanos, norteamericanos y europeos, así como los ibaguereños que han ido fuera de Colombia. Cuando vuelven, agrega él mismo, regresan a este lugar en el que se sienten a sus anchas para contar todas sus anécdotas y para revivir los recuerdos de lo que algún día vivieron allí.

Uno de esos personajes es Óscar Julián Ruiz y Hugo cuenta con orgullo que cuando el famoso árbitro colombiano estuvo en el mundial de Corea y Japón del año 2002 decía a las personas que se encontraban a su alrededor que desearía estar en Ibagué para comer una deliciosa gallina… la de la calle 12. Cuando él iba a Ibagué a pitar los partidos del futbol profesional colombiano siempre comía allí.

De otras ciudades y departamentos han ido a comer a La gallina de la 12 y como lo contaba en una anécdota Myriam, con una risa inevitable en su rostro decía que hace algunos años cuando estaban en la Feria de las Flores de Medellín caminando por la calle le gritaron “¡oiga mona, la de la gallina de la 12!”. No podemos dejar a un lado al cliente ibaguereño que va desde el habitante de la calle, el borracho de los bares, cantinas y billares que hay alrededor del lugar, hasta toda la clase política del Tolima, que va desde los presidentes de las comunas, hasta el actual gobernador del Tolima Luis Carlos Delgado Peñón, en donde se puede describir este acontecer en la frase que dice don Hugo, ” ibaguereño que no haya comido en La Gallina de la 12 no es ibaguereño”. 

En Ibagué, tres generaciones han comido allí, pero no es solo el tiempo que llevan lo que han hecho su reconocimiento, también es su sazón o como dirían algunos su toque secreto, ese toque que solamente lo conocen Myriam, Shirley y María Chaparro, mujer que lleva 7 años como ayudante, ella es la que le colabora también a Shirley a hacer los tamales que saca los días viernes y sábados porque los domingos ella es la que se encarga del puesto mientras sus padres descansan, Shirley una mujer que se caracteriza por su sonrisa al hablar, lleva sacando los tamales y colaborando con el puesto hace 15 años la cual desea seguir la tradición del negocio cuando sus padres deseen retirarse.

La calle 12, hora tras hora…

Entre las cinco de la tarde y las nueve de la noche, hay mucho movimiento en el sector, saturado de vendedores ambulantes y no ambulantes, compradores y paseadores, con gran flujo vehicular haciendo un gran ruido de ciudad y una imagen de un sector altamente congestionado.  Se puede observar que Ibagué es una de las ciudades con más desempleo en Colombia por la gran cantidad de personas que viven del rebusque y la otra gran cantidad que para en cada puesto de un culebrero, que es la persona que ofrece su mercancía con la gran habilidad del habla. Poco a poco el sector se va descongestionando, se cierran los locales comerciales y los vendedores ambulantes también van a sus hogares, de esa manera le dan paso a los habitantes nocturnos que son los habitantes de la calle, ladrones, trabajadoras sexuales, que en su gran mayoría son menores de edad, aseadores, recicladores, taxistas, tomadores o rumberos y no podemos dejar a un lado los perros callejeros.

Los clientes de La Gallina de la 12

Hacia la media noche ya cuando todos los locales cierran y los únicos en función son los dos puestos nombrados más un carrito de dulces y algunos vendedores de tintos y aromáticas, la calle se ve sola, se puede ver la basura en el suelo, basura que es recogida por los aseadores y  por el camión de la basura que pasa todas las noches por allí. Pero la noche no es callada porque a media cuadra quedan dos discotecas y a una cuadra se puede llegar a un bar de rock y metal, el otro de reggae; el sonido de los carros se hace más potente y el de las ambulancias o cualquier sirena se hace interminable. Es allí en la madrugada donde no se acaba la acción, por el contrario es donde comienza la verdadera acción para estos personajes, donde se puede ver la Ibagué, que pocos conocen.

Por la gran cantidad de años que llevan trabajando estas personas han visto la evolución que ha tenido este sector de la ciudad, desde la vestimenta de las personas hasta la infraestructura y negocios del sector. Sus clientes, los seres más preferidos por ellos, son de varias edades, clases y tipos; uno de ellos son los taxistas que después de terminar o comenzar su turno paran para comer, muchos de ellos llevan años y esto hace que entablen relaciones de diálogo y amistad con los propietarios, donde intercambian información de cómo está la movida en la noche, como ellos mismos dirían; otros usuales clientes son los que asisten a los bares y discotecas de alrededor, a donde algunos van temprano antes de empezar la rumba y vuelven a las horas con un gran estado de alicoramiento, generalmente en grupos de tres a cinco personas y algunos de estos grupos hacen la popular -vaca- que de moneda en moneda reúnen para comprar lo que puedan del dinero que sobró del licor.

Sus temas de conversación varían, desde cómo estuvo la rumba y el trago haciendo comparaciones con otros lugares de la ciudad y ocasiones anteriores, hasta la charla de cómo están los ajís o salsas que ofrece Don Pedro que son más de 10 y de lo bendito que cae una sopa de pastas con menudencias a esas horas de la noche. Algunos se exceden en su estado y es tanta su embriaguez que en ocasiones ha sucedido que al no poderse sostener tumban ollas o se quedan dormidos en las sillas mientras comen, a muchos de estos, los propietarios ya saben dónde viven, le piden el favor a un taxista conocido, que por lo general son todos, que lo lleven a su casa.

Los ladrones son otros clientes, ellos saben de todas las personas que caminan por el sector, y como dice Myriam, “yo sé quién viene con la esposa, con la moza, con la novia o la amiguita”. Los ladrones a ellos no les hacen nada, lo único que hacen es consumir los platos y empanadas, también como los habitantes de la calle o como otros les dirían los indigentes, que se ven en grandes cantidades, no es el día su momento, es la noche en que ellos aparecen como fantasmas de ciudad.

Se puede oír un lenguaje fuerte más no grosero hacia los habitantes de la calle y personas que en el momento no tenga sus cinco sentidos, pero se ve un lenguaje amable, de confianza y familiar con las personas conocidas, eso sí, no falta la palabra vulgar, la palabra doble sentido a la hora de reír y las palabras propias del grupo social y por lo tanto no entendía su significado.

Es así como estos seres noctámbulos, que para algunos son simples personas y para otros unos ángeles por el servicio que prestan tan indispensable para el ser humano como lo es la comida acompañada de un gran amabilidad y una buena conversación a altas horas de la noche, se han convertido en una historia viva en nuestra ciudad, una historia que muchos no conocen; unos seres que conviven con toda clase de personas y en todo tipo de circunstancias, no importa la noche que llueva, ellos siempre estarán allí, prestos a la atención; como dice Hugo, “lo más lindo y gratificante de este trabajo es poder colaborarle a la gente de cualquier manera, sea cual sea”.

Juan Camilo Durán Games

Andrés Camilo Vega Vásquez


One Comment on “Crónicas de Ibagué. Dueños nocturnos de la calle 12”

  1. betty dice:

    Ese es mi Tolima


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