Rafael Jaimes Torra, referente ético de la lucha a diez años de su asesinato

 

Busto de Rafael Jaimes en la entrada de la refinería de Barrancabermeja.

El 20 de marzo tuvo lugar la conmemoración en Barrancabermeja (Santander) de los diez años del asesinato del dirigente de la Unión Sindical Obrera (USO) Rafael Jaimes Torra. Desde su vinculación al sindicato se distinguió por estar en contra de la tercerización en Ecopetrol y contra la privatización y entrega de las actividades propias de la industria petrolera a las firmas contratistas. Ludwing Gómez, miembro de la división de derechos humanos y directivo de la USO Barrancabermeja, resaltó que «Rafa empezó a hacer grandes y graves denuncias acerca de la corrupción que había en torno al proceso de contratación y por eso fue asesinado el 20 de marzo de 2002».

A su vez, Gómez señaló que el homenaje hecho al compañero Rafael Jaimes es por su obra, por entregar su vida y haber empezado esa tarea de enarbolar las banderas de las defensas de los derechos de los trabajadores y, sobre todo, los trabajadores tercerizados cuyas condiciones de trabajo hoy en Colombia cada día se degradan con las reformas laborales.

Para la Unión Sindical Obrera remembrar a sus compañeros mártires es un ejercicio de recuperación de la memoria histórica desde el colectivo y el imaginario de todos los trabajadores. Desde esta simbología la programación desarrolló en un primer momento un acto litúrgico y político en la puerta principal de la refinería con los trabajadores en compañía de su esposa, madre, hijos, familiares y amigos. Rodolfo Vecino Acevedo, presidente nacional de la USO, rememoró y resignificó lo que ha sido la lucha de este sindicato, todos los mártires compañeros y compañeras que han sacrificado su vida en los últimos 30 años y que hoy suman más de 115 y se refirió a Rafael Jaimes como uno de los compañeros que ha aportado en la construcción y en el mantenimiento de esta organización sindical.

En el segundo momento hicieron una marcha simbólica hasta llegar al sitio donde fue asesinado por grupos paramilitares y colocaron una ofrenda floral. El tercer momento fue un conversatorio sobre memoria e impunidad con el acompañamiento del Semillero de Investigación Derechos Humanos Boga Tularí de la Universidad Industrial de Santander y se culminó con un acto deportivo, Copa Rafael Jaimes Torra.

Un hecho que los dirigentes de la USO resaltaron es que pidieron al gerente de la refinería, Orlando Díaz Montoya, que permitiera colocar el busto en memoria del compañero en las instalaciones de la empresa y éste se negó argumentando que no iba a permitir que las mismas se convirtieran en un mausoleo. Los sindicalistas le respondieron que debieron haber impedido que esto pasara atendiendo a las denuncias de las amenazas que se proferían contra los dirigentes que hoy están asesinados. Recordaron que en nueve de las versiones libres de la Ley de Justicia y Paz diferentes comandantes paramilitares han involucrado a miembros de Ecopetrol, del cuerpo de seguridad y de la administración en la participación de crímenes de lesa humanidad como la masacre cometida el 16 de mayo de 1998 en la Comuna 7. Ecopetrol ha guardado silencio y para el sindicato ello ha generado mucha suspicacia y falta de claridad en su responsabilidad.

 

Guardianes y defensores de la memoria

El conversatorio “Memoria e Impunidad. Caso Rafael Jaimes Torra” realizado en las instalaciones del Club Infantas en Barrancabermeja el 20 de marzo fue dirigido por el Semillero de Investigación Derechos Humanos Boga Tularí conformado por estudiantes de Derecho de la Universidad Industrial de Santander a cargo del director de la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas Javier Alejandro Acevedo y de profesionales en diferentes ramas. El semillero presentó avances de la investigación “Verdad, Justicia y Reparación por el homicidio del dirigente de la USO Rafael Jaimes Torra” ocurrido en Barrancabermeja 2002.

¿Cuál ha sido el proceso para el desarrollo de esta investigación sobre el asesinato de Rafael Jaimes?

Jaher Torrado: La investigación que se está desarrollando es un estudio del caso del homicidio de Rafael Jaimes Torra y ahora estamos en una fase inicial de acercamiento empírico. Estamos haciendo el primer acercamiento con todo lo que fue el entorno de Rafael; primero con la familia porque hay que establecer los vínculos o lazos de confianza para que no solo sea una entrevista adicional sino que eso implique cuál fue el daño causado y los perjuicios. Lo mismo se está haciendo con los compañeros de él, con los que hemos podido tener contacto.

Diana Lorena Archila: En esta investigación partimos por un lado de la afectación hacia la familia y por otro hacia la USO como sindicato. En la afectación a la familia el hecho más importante fue que se murió el líder de la familia. Sin embargo él había dejado un trazo y unos arraigos para que ellos siguieran adelante. Les dejó la necesidad de ser emprendedores para crecer y evolucionar. En el sindicato él era una persona con muchísimas cualidades, muy ordenado y disciplinado; era una persona muy humanista en lo que hacía; él estaba pendiente de los trabajadores.

¿Se puede decir que hubo justicia en este caso?

DLA: Todavía no hay justicia, hoy se puede hablar de una impunidad porque hace falta mucho para que realmente se esclarezca el hecho. Hoy lo que hay es una sentencia donde se condenan los actores directos del homicidio pero más allá de esa sentencia no hay nada; se declaró como crimen de lesa humanidad y ahí se quedó y por eso decimos que hay impunidad.

JT: La tesis que planteamos en nuestro proyecto de investigación es que sí existe impunidad porque no se cumplen otros requisitos. Además de la condena a los autores inmediatos no se ha dicho quiénes fueron los determinadores, por parte de las instituciones del Estado no se ha podido esclarecer cuál fue el contexto y no se le ha dado un lugar dentro de lo que es el exterminio sindical. Entonces desde esa perspectiva la idea es mirar a través de la jurisprudencia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos que no se han cumplido estos requisitos y por lo tanto podemos decir que aunque se declaró crimen de lesa humanidad sigue habiendo impunidad en el caso de Rafael Jaimes.

¿Por qué es importante el contexto para aclarar el caso de Rafael Jaimes?

JT: Porque se da en un momento de consolidación del proyecto paramilitar en Barrancabermeja; estamos hablando del año 2002 donde el lenguaje que utiliza el sindicato tiene que cambiar. Es decir, el sindicato se ve afectado directamente por la incursión paramilitar y se comienzan a crear una cantidad de símbolos y significaciones, digamos que como líneas imaginarias que disgregan todo el actuar social y es cuando se agrava la arremetida contra líderes sociales y comunitarios, se da la desaparición forzada. Todo eso lo quisimos abordar desde el caso particular de Rafael Jaimes porque es un estudio de casos desde un caso particular: cuáles son los focos generales de encuentro y de estudio que nos ayudarían a leer la realidad de Barrancabermeja.

¿Cuál es el camino a seguir en este proceso investigativo?

JT: Estamos en la primera etapa y lo que queremos es documentar el caso de hoy para que este ejercicio se replique en otros casos porque al ser el exterminio sindical un ejercicio sistemático al que le damos responsabilidad por acción y por omisión al Estado hay posibilidades de presentar una vinculación dentro del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. En esa medida el sindicato estaría facultado para acudir a esta organización para la protección de los derechos fundamentales y, sobre todo, para la reparación integral.

Nosotros le damos una valoración muy importante a los testimonios porque creemos que la reconstrucción de la memoria histórica se tiene que hacer a través de las voces de las víctimas. Las víctimas se tienen que entender no como una vulnerabilidad que tengan ellas o como una disminución en sus derechos fundamentales sino como la identificación de una conciencia de clase y es que en últimas el asesinato de Rafa no solamente está determinado por el cese de unas actividades que le causa pérdidas a un contratista sino que está enmarcado en todo un conflicto que es de carácter dialéctico, en otras palabras, una lucha de clases.



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