La legítima resistencia por la vida, la tierra y la dignidad desde el Cauca

Actores locales y regionales del proceso que buscan restablecer la paz y la armonía en el Cauca, se reunieron el pasado miércoles 18 de abril en la Biblioteca Nacional, en torno al foro “Cauca: ¿La Última Batalla? De campo de batalla a territorio de Paz”, convocado por la Corporación Latinoamericana Misión Rural y Pacifistas Sin Fronteras.

Algunos de los ponentes fueron Aída Quilcué, consejera mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), Gustavo Wilches, politólogo, docente universitario y escritor del Cauca, Camilo González, presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ), Víctor Collazos, representante de las Comunidades Campesinas del Cauca, entre otros. El periodista Antonio Morales moderó el Foro.

El encuentro se realizó a modo de planteamientos alrededor de la situación de violencia que desde hace años viven las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes del Cauca, gracias a los actores armados con claros intereses económicos y políticos, que como se mencionó con insistencia en este Foro, no pertenecen a la región.

El Cauca está habitado en el nororiente por comunidades indígenas, hacia la cordillera occidental por campesinos, y en la Costa Pacífica por comunidades afrodescendientes. Así mismo, es un departamento en donde la resistencia social no es algo nuevo, sino que como expresó Aída Quilcué “es un legado histórico”, debido a que desde 1530 se desequilibró la armonía en la que vivían los pueblos indígenas y afrodescendientes de los territorios, cuando unos fueron convertidos en esclavos y otros aniquilados.

Lo desconocido quizás sea el genocidio de más de 5000 indígenas por cuenta de grupos paramilitares, bajo la misma estrategia de despojo de las tierras que durante siglos habían sido cultivadas como medio de auto sostenimiento y que ahora son arrebatadas con fines de explotación minera.

Por otro lado, la propuesta del presidente Juan Manuel Santos sobre la devolución de tierras a la población despojada y desplazada por la violencia paramilitar, se encontrará con más limitaciones porque esa práctica aún se mantiene, pues el Cauca ha sido convertido en una zona estratégica de explotación de recursos naturales.

En esta medida, la situación de violencia se agudiza por la intervención megaminera y según Camilo González, “los verdaderos actores del conflicto: el poder político y el poder económico”, continúa afirmando que “el Cauca solo es el espacio geográfico del conflicto, pues sus habitantes no son quienes generan violencia, por eso la guerra del Cauca no es del Cauca. Los que se apropian de la tierra de campesinos e indígenas, lo hacen con la complicidad de una ultraderecha violenta y mafiosa, cuyo poder ejerce evidentemente sobre la región”.

Por su parte, Aída Quilcué, reconocida líder del Pueblo Nasa, dijo que el Cauca es un departamento con gran capacidad de resistencia y que la lucha por la vida, la tierra y la dignidad, también es apoyada por un movimiento social que se mantiene a nivel nacional, conformado por indígenas, campesinos, sindicatos y universitarios. Ella añadió que, “no se trata solo de un movimiento que evidentemente no se detendrá, sino también de un proceso que plantea la paz”.

Con ese propósito establecido, surgió La Minga como estrategia de resistencia social que articula diversos pensamientos y miradas de quienes viven situaciones comunes. “Nos asesinan porque el gobierno nos ve como un problema… nosotros no cederemos… continuaremos defendiendo la vida y la dignidad, y la tierra no la dejaremos en manos de quienes quieren seguirla destruyendo” expresó Aída.

Ante la pregunta que Antonio Morales planteó sobre sí ¿las guerrillas nutren sus filas de indígenas y campesinos? Aída respondió: “los indígenas hemos sido señalados de muchas cosas, pero no somos quienes generan la guerra, estamos cansados de la guerra y queremos vivir en paz”.

Durante su intervención, Gustavo Wilches se refirió a la práctica megaminera en el Cauca, afirmando que tanto el conflicto social como la problemática ambiental obedecen a intereses económicos estratégicos de control, en los que el agua es uno de los recursos más comprometidos y afectados. Dijo que “no se trata de estigmatizar el trabajo minero, sino que se debe saber cómo y en dónde realizarlo sin convertirlo en una labor destructiva… pero de ninguna manera puede existir minería responsable en los páramos”.

Gustavo Wilches también advirtió que más del 30% del Macizo Colombiano, (ubicado entre los departamentos de Cauca, Huila y Nariño) una de las regiones hídricas más importantes del territorio, está solicitado para explotación por empresas como AngloGold Ashanti y AgroIndo.

Finalmente, a partir del Foro se tiene que se insistirá en que las iniciativas de paz confluyan hacia la solución política del conflicto. Se continuará con las movilizaciones, intervenciones y denuncias desde el Cauca. Por otro lado, será necesario que los representantes elegidos democráticamente por los ciudadanos, se interesen por promover la paz y el dialogo entre quienes tenga que darse.

“Si existe voluntad gubernamental, no se ha materializado “no es solo hablar de paz y derechos humanos, sino de cómo resolver la pobreza y garantizar la los derechos fundamentales de las y los colombianos”. Aída Quilcué

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