El día en que hubo mototaxistas en un pueblo cualquiera

El siguiente texto narra los hechos ocurridos en Tunja (el pueblo). La naturaleza narrativa del mismo se refiere al reciente Paro de taxistas, usando un lenguaje literario sin que se fantasee sobre la veracidad de la información aportada.

Esta es la historia de un pueblo normal y muy tranquilo a dónde llegaban personas y personas a pesar de frio. Aquel lugar resultaba acogedor por la calidez de vecinas y vecinos, por la facilidad de hallar amistades duraderas en el tiempo y por compartir esas tardes grises confortadas con una aguadepanela caliente.

En el pueblo abundaban teatros, salas de cine, festivales musicales y exposiciones de arte; los restaurantes y cafés. Así mismo bares, tabernas y clubes nocturnos.

Casi llegaba a la mitad el año. Era el último día de mayo y Catalina, una chica que como muchas universitarias, usualmente salía a consumir licor y a bailar miércoles, jueves, viernes, o sábados…  esa noche al salir del bar se percató de que estaba lejos de su casa y que necesitaría un taxi; espero casi media hora y solo pasaba uno que otro ebrio por la calle. Entonces regresó al lugar dónde estaban sus amigos quienes por fortuna aún estaban allí y al cabo de media hora más, juntos se marcharon y caminaron hasta sus casas.

A la mañana siguiente no se escuchaba un solo ruido callejero como los típicos motores vehiculares ni sus pitos escandalosos, pero lo más extraño era que, a medida que avanzaba el reloj, tampoco aparecía la ruta de Catalina ni de nadie. No venia ni iba un solo bus, un solo taxi.

Hacia las 6:00 am los medios locales de información anunciaban un Paro de 300 Taxistas apoyado por el gremio de conductores de buses de transporte público.

A medida que avanzaba la inusual mañana, a ratos soleada a ratos lluviosa y luego de la resignación de las personas a caminar durante largos minutos o casi horas hasta llegar a su destino rutinario al igual que Catalina, el ambiente en el pueblo se tornaba irreal: los manifestantes habían inmovilizado y ubicado sus taxis en casi todos los cruces de las vías del pueblo, de manera que ningún vehículo podía transitar, y las calles silenciosas estaban repletas de mujeres y hombres que mientras caminaban y conversaban, contemplaban el extraño entorno. Por supuesto el fastidioso horario de llegada a los diferentes lugares, aquel día paso desapercibido.

Cuando se acercaban las 10:00 am una periodista en la radio anunciaba que el general Rodolfo Palomino, director de seguridad ciudadana de la Policía Nacional había arribado coincidencialmente al pueblo y que, notando la manifestación de los taxistas, se reuniría y dialogaría con algunos de ellos.

Por su parte, los taxistas que bloqueaban el cruce más cercano a la Estación Central de Policía, aprovecharon la presencia del General y de los medios de información para manifestar las molestias e inquietudes que los motivaban a realizar dicho Paro: por un lado no se sentían seguros para trabajar en las noches porque en un par de ocasiones habían sido atracados, y por otro, la deteriorada malla vial averiaba los vehículos, queja que ya se había hecho publica en el Paro del año anterior.

Los taxistas básicamente solicitaban más control y más vigilancia en las calles, es decir, más pie de fuerza policial y más cámaras. Ellos le propusieron al General, ser un apoyo adicional para los hombres uniformados de la Institución y por lo pronto se mantenían en el Paro, hasta que el Alcalde del pueblo se presentara en el lugar de los hechos, escuchara y solucionara sus problemas.

El General insistía en que “las vías de hecho no beneficiaban a nadie”, tratando de ponerle fin al Paro.

En ese momento el Alcalde se encontraba lejos del pueblo y por intermediario de sus voceros, dijo que él escucharía a los manifestantes solo si ellos levantaban el Paro, pronunciamiento que resultó risible para la mayoría de la gente del pueblo.

Cuando se acercaban las 12:00 del día, los manifestantes mantenían los bloqueos y todo parecía igual que en la mañana, con la excepción del inicio de una reunión privada y a puerta cerrada entre el General, al menos cinco taxistas delegados,  algunos funcionarios públicos del pueblo y finalmente con la repentina presencia del Alcalde.

El Alcalde en realidad apreciaba las iniciativas encaminadas a reforzar la seguridad del pueblo, por eso en abril pasado, había anunciado la gestión en curso de 5.500 millones de pesos para la policía local.

Alcalde de Tunja Fernando Flores Espinosa

Afuera y a esa misma hora, de nuevo las personas caminaban, conversaban y percibían cómo las calles silenciosas se tornaban tensas entre taxistas y  policías que superaban en número a los primeros.

Sin embargo, en medio del Paro el pueblo experimentaba una grata ruptura de la monotonía, respiraba aire puro y escuchaba un silencio apacible –lejos claro, del punto neurálgico del bloqueo-.

¡Todo era tan extraño! Parecía otro pueblo, uno de aquellos cuyo clima es menos frio y en dónde las personas usan como transporte público las motocicletas. Y como no había otra manera de regresar a casa más que caminando, los mototaxistas se convirtieron en los héroes del día; se tomaron el pueblo de $3000 en $3000 (por carrera).

Excepto el General y otras “importantes” personas sabían que un bus gris y grande llegaría al pueblo repleto de Esmad, y hacia las 2:00 pm llegaron. Los medios hablaban de una medida preventiva.

Lo cierto es que cerca de treinta uniformados de negro y armados hasta los tuétanos se acercaron hacia el grupo de taxistas, agrediendo a dos de ellos cuando intentaban detener la grúa que pretendía mover uno de los vehículos amarillos.

¡Estos hombres del Esmad si que eran groseros! No solo por los golpes que propinaron a los dos taxistas, sino por las sandeces que le gritaron a Catalina cuando ella pasaba en su bicicleta… “No me asombra ese nivel evidente de vulgaridad, pero sentí frustración por no poder romperles la cara de un puño”, señala Catalina.

Sin que culminara el día, por los medios corrió la noticia de la firma de un acuerdo que levantaría el Paro de Taxistas; la llegada esa misma noche de cien hombres de la policía de otros pueblos aledaños y la ejecución pronta de un convenio por 2.700 millones de pesos con el Ministerio del Interior para comprar e instalar cámaras de vigilancia en diferentes puntos del pueblo.

Documento oficial de compromisos a partir del Paro

Compromisos a partir del Paro

Los conductores, a gusto con el trato se subieron a los vehículos y desbloquearon las vías del pueblo. Pero hubo quienes afirmaron no fiarse del pie de fuerza.

En adelante la gente de aquel pueblo tendría que acostumbrarse a ser requisada varias veces durante un mismo día, a ver por doquier uno o más uniformados armados y como no, a aceptar que cada paso que diera por la calle quedaría registrado en cámaras.

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7 comentarios on “El día en que hubo mototaxistas en un pueblo cualquiera”

  1. aaaca chaleo dice:

    Tunja no es un pueblo

  2. Omar dice:

    Muy orgullosos de ser partes del pueblo Colombiano, del pueblo boyacense y del pueblo tunjano. Pero cuando sigilosamente y utilizando el don de la palabra la escritura se trata de inyectar el veneno de Taipan en la nobleza y grandeza de un hermsoso, digno y pujante conglomerado citadino, no cabe más que opinar que el pueblo lo lleva en la mente cualquier ilustrísmo, sea este un muy ilustre letrado. De nada valen los pergaminos universitarios si no se saca el cambuche del cerebro, eso le ocurre al aprendiz de escribidor de esta envenenada y presentación.

  3. Omar dice:

    Muy orgullosos de ser partes del pueblo colombiano, del pueblo boyacense y del pueblo tunjano. Pero cuando sigilosamente y utilizando el don de la palabra, el don de la escritura, el don de la expresión libre, se trata de inyectar el veneno de Taipan en la nobleza y grandeza de un hermsoso, digno y pujante conglomerado citadino, no cabe más que opinar que el pueblo lo lleva en la mente cualquier ilustrísmo, sea este un muy ilustre letrado. De nada valen los pergaminos universitarios si no se saca el cambuche del cerebro, eso le ocurre al aprendiz de escribidor de esta envenenada y presentación

    • Mario dice:

      Ud. lo ha dicho, el “don” de la libertad de expresión.
      De vez en cuando es necesario darle otra mirada a los hechos; eso es lo que hace un/una aprendiz que piensa por si mismo/misma.

  4. no se dice:

    taxistas regalados, pidiendo más tombos, más cámaras, y ser ayudantes de los mismos, IGNORANTES


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